«Arévalo se recuesta en una lomilla en medio de una llanura dilatada. El vagabundo al entrar en Arévalo, cree escuchar aún el aleteo, sobre los árboles del fondo entre los copudos olmos del fondo, de un heridor vientecillo militar. Arévalo fue villa guerrera de bien templada y acreditada fama: Arévalo con Olmedo por donde ya pasó el vagabundo fue una de las llaves de Castilla. Como un lobo trotador, así el viejo refrán corrió por los caminos y por los campos y por lo montes de Ávila y Burgos, de Segovia y de Valladolid, de León, de Medina del Campo, de Toro, Salamanca, de Zamora: quien de Castilla señor quiera ser, a Arévalo y a Olmedo de su parte ha de tener.»
viernes, 25 de diciembre de 2020
Arévalo
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