miércoles, 13 de febrero de 2019

El druida de la tribu: entrevista a Ramón Ferrer

Cuentan las crónicas que, en su comarca de origen, el Sobrarbe, vivían muchas brujas. Por eso las chimeneas de los tejados, en vez de dejarse abiertas, se cerraban con una figura terrorífica o un gato o —si tenías pocos medios— con una cruz o un cono, para impedir que las brujas descendieran por ellas y entraran en las casas. País de montañas y de magia en el que, por tanto, no es sorprendente que naciera y se forjara este brujo de las carreras por montaña, que todo lo sabe y todo lo adivina con antelación. Al igual que Panoramix en la irreductible aldea gala, él conoce la historia de esta tribu mejor que nadie y su presencia a tu lado es un talismán. No sé si, con los rigores del doping, se arriesga a fabricar y dar la pócima mágica... pero que ganas más medallas y campeonatos si él está cerca es incuestionable, y hasta yo ya puedo dar fe. 

Es sensible. Respeta sistemáticamente la distancia de seguridad del otro, no invade su terreno, no es curioso, no es impertinente. Si puede ayudar, ayuda. Recuerda a uno de esos abnegados voluntarios que nos esperan en los avituallamientos de las carreras. Lo que pasa es que él lo es a tiempo completo, 24h 7 días a la semana. Odia las discusiones y los conflictos, así que tampoco los provoca. Estar con él es como bajar al valle después de un día en la austeridad de un glaciar o de un día escalando en la roca. Se toma su tiempo para decidir si te mete en su corazón, porque, como lo haga, de ahí no te saca nadie. Y es que entiende la amistad como otros el amor: «en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte nos separe». Así que también es una responsabilidad que te coja cariño.

El código de los druidas es sagrado y, por muy de élite que seas, como te comportes en plan soberbio pisando, de palabra o de acción, a otros corredores, organizadores o voluntarios… él narrará tus hazañas, sí, registrará tus éxitos, sí, pero no será tu amigo. Porque, desde los tiempos de Julio César hasta la Galia imaginaria de Astérix, pasando por su Sobrarbe, un druida solo ayuda con su magia a las personas de honor.

Es una lástima que le haya dado por lo de estar todo el día Corriendo por la sierra y no por la música clásica, primero porque le tendríamos entre nosotros y, segundo, porque él estaría ganando una sueldazo como cronista, asesor y compañero de fatigas. 

Nada de preguntas típicas, porque cuando pillas por banda al chamán de la tribu le pones a trabajar sobre lo que tanto sabe, la historia de este deporte. ¡Al lío!

 Bienvenidos al Druida, bienvenidos al Brujo, Ramón Ferrer.