Tuve mucha suerte.
Coincidí con él en mi primera carrera por montaña, el 29 abril de 2017, cuando ya habíamos terminado. Acomodaba su paso al de un compañero al que le dolía algo, creo que la rodilla. Me acogió como si me hubiera conocido de toda la vida y se interesó por mis andanzas montañeras. Un mes después volvimos a coincidir. Fue la única persona, además de los organizadores, que ese día me saludó. Para los demás yo era invisible (no digo que me moleste, solo que lo era). Me sorprendió una frase y la filosofía que había detrás. Seguramente yo estaba comentando la diferencia de nivel entre alguien como él y alguien como yo. No me permitió continuar por ahí, me interrumpió y dijo:
«aquí ninguno somos nadie y todos somos alguien».
Desde entonces le he visto ganar carreras, tanto en competiciones populares como en campeonatos, copas nacionales y mundiales. Y nada ha cambiado. He observado en directo sus pódiums, su preciosa familia y el cariño que su pueblo, Barruelo de Santullán (Palencia) le profesa.
Si en mi primera carrera por montaña hubiera coincidido con alguno de los gallitos/gallitas con los que luego he compartido carreras y horas de montaña jamás me habría aficionado a esto.
Tuve mucha suerte.
El primer corredor que me dirigió la palabra es una de esas personas que ya no quieres que se vayan de tu vida. Fue eso, y no su nivel, lo que me dio la mejor imagen posible de los valores de este deporte.
Bienvenidos a José Javier Gómez de Calleja, Chechu, de Barruelo de Santullán.