Nos fascinan los extraterrestres, esas personas que nacen con talentos especiales en el lugar adecuado para que los desarrollen con facilidad. Pero de vez en cuando, uno de nosotros, uno de los «normales» despunta. Deja de ser el hijo, padre, marido, amigo y compañero que nos cruzamos en cualquier sitio, en una farmacia, en un supermercado, en un bar. Entra con tanta discreción en las páginas de la historia como si pidiera disculpas por ser tan bueno, tan rápido, tan resistente. Los focos iluminan su rostro, ese rostro que hemos visto por la calle, en una carrera, organizando o corriendo, su mirada y su sonrisa. Nos pellizcamos pensando si de verdad será él, y cuando vemos que sí, que es él… mil fuegos artificiales estallan en nuestro corazón porque el éxito de los extraterrestres fascina pero el éxito de los héroes reales y posibles te llena el alma.
Azul como su mirada es el color de su equipo y, cuando decidí dejar de ser deportista independiente, mi primera idea fue formar parte de él. Cuando conoces a una persona que, siendo tan gran deportista, es tan buena gente… quieres estar en su equipo de montaña, de vela o de lo que se tercie. Pero su gran amigo Javi Fernández le metió un gol por la escuadra y hoy soy verde y no azul. Verde de Moal y no azul de Cafés Toscaff, y mira que soy cafetera. Da igual. Incluso a él le da igual. Estamos por encima de los colores.
Ojalá que él revolucione la historia del ultra fondo y, ya que estamos, del maratón. Así, pim-pam, pim-pam, con su trote cochinero que cada vez es menos trote y más zancada de guepardo. Es un héroe de carne y hueso, como cualquiera de nosotros, alguien que se siente orgulloso de haber terminado de los últimos en su primera Travesera y que hoy amenaza con nunca más dejar de ser veloz. (La verdad es que yo no creo que sea como cualquiera de nosotros, la verdad es que yo creo que es un ser extraordinario por los cuatro costados... pero él se mantiene leal a sus orígenes de corredor popular y de tipo normal).
En esta vida no siempre ganan los buenos, pero cuando ganan, ¡ay cuando ganan!, su triunfo instaura en el corazón un aire de esperanza, como si el mundo pudiera ser justo y pacífico, y todos los males pudieran erradicarse.
Nos rendimos antes él, hacemos nuestros todos sus récords porque su éxito es nuestra felicidad.
Bienvenidos al héroe de lo posible, al héroe de todos, Nico de las Heras